Vender conocimiento empieza por resolver algo concreto.
Mucha gente se queda bloqueada porque piensa que antes de vender tiene que crear un curso enorme, preparar todos los materiales o tener una audiencia gigante. En la práctica, suele funcionar al revés: empiezas con una oferta pequeña, aprendes qué necesita la gente y mejoras desde ahí.
Una oferta concreta explica el problema, el comprador y el resultado. Por ejemplo, puedes enseñar un proceso, evitar un error frecuente o revisar el caso particular de un cliente.
Antes de elegir la plataforma o el precio, define qué podrá hacer el comprador después de utilizar tu producto.

